Hace bastante que no escribo porque a veces me olvido que tengo manos.
sábado, 1 de septiembre de 2012
jueves, 9 de agosto de 2012
Sutilezas
El primer amor y la yerba mala, nunca mueren. Y cuando el primer amor es yerba mala... ni te cuento-ni te cuento no porque no quiera, sino porque ya me olvidé. Ah, ¿no era que no moría? Claro, boluda, morir y olvidar son dos cosas bien diferentes.
miércoles, 8 de agosto de 2012
Gitanada
El encuadre estaba en sus manos, se movían libidinosas por el aire, dando vueltas, haciéndolo espeso. Las manos de otros también se movían, pero toscas, armoniosamente toscas y libres. Golpes memoriosos de arena y puertos. Cortes violentos. Gritos de alegría. Los zapatos astillados de madera hacían temblar los vasos ya besados y abandonados en el suelo. Rodaban historias y se desmebraban instantes en cada verso. Los ojos, esos ojos de pestañas grandes, aguados, solemnes, también bailaban.
sábado, 4 de agosto de 2012
K-pos
Hasta ahora me habían dejado comiendo aceitunas y por teléfono... pero nunca por chat. No crean que espero algo mejor, sólo me queda encontrar al valiente que se anime a hacerlo por Twitter, aunque dudo, a esta altura, que puedan llevarlo a cabo sin sarasa y en 140 caracteres.
Nota al pie: Lo de las aceitunas no es joda.
jueves, 2 de agosto de 2012
Acabó
El hombre acaba y acaban los mensajes, acaban los halagos, acaban las
video-conferencias, acaban las salidas creativas, los besos largos... acaban los "te quiero ver todos los días", acaba su aparición constante
el las redes sociales, el jueguito de celos "inocente", y los deseos de que el mundo se entere que estan juntos.
El hombre acaba y se acaba. Punto. No hay nada más que hacer con estos hijos de boludo responsable.
El hombre acaba y se acaba. Punto. No hay nada más que hacer con estos hijos de boludo responsable.
miércoles, 1 de agosto de 2012
Provenzal y prudencial
Una vez, una amiga a quién acababan de dejar plantada, me ofreció
papas a la provenzal que se había comprado para calmar el
despecho. Le dije que no, porque un rato después iba a encontrarme con
X.
No voy a dar más detalles. Sólo quiero decirles que: a los hombres les
espanta mucho más la intuición de saber que renunciás a algo por ellos que el aliento a ajo.
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